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Superposiciones. Paisaje 001

FICHA

Pablo Pérez Palacio

Superposiciones. Paisaje 001

2022

Acrílico / Cartón contra colado sobre DM

48 cm x 50 cm

Itinérance - Madrid 1

Pilar Gómez Salvador

Expuesta (1 veces)

(CON)TEXTO

Es el título de la exposición colectiva de fin de beca de arte en la Casa de Velázquez , generación 2021-2022. Una propuesta que irá transformándose a lo largo de los tres espacios en los que tendrá lugar:

Madrid / 11 junio – 24 julio 2022
París / 18 enero – 5 marzo 2023
Nantes / 13 abril – 21 mayo 2023

La propuesta en Madrid se compone del texto / “Superposiciones. La visión de un orden propio”, la escultura “Horizonte de Indiferencia. Volúmenes 07” y tres relieves de la serie “Superposiciones. Paisaje”.

Esta selección del trabajo desarrollado durante la beca muestra, por un lado, a través del texto, las cuestiones que pretendo tratar en la totalidad del proyecto, seguido de la escultura como pieza puente entre Horizontes de Indiferencia y las tres piezas que crecen entorno a una visión de paisaje laberintico, superpuesto.

Esa visión del paisaje es prácticamente inabarcable en todas sus posibles formas por lo que superposiciones plantea una cuestión esencial y que influye directamente sobre las proyecciones -transformaciones del paisaje; el movimiento.

La superposición pasa a convertirse en el único movimiento que tiene sentido para el Homo sapiens – Indifferens. Una superposición de ordenes por la consecución de una clara supremacía del YO como finalidad.

En última instancia, ese paisaje acaba describiendo un laberinto no tanto en el espacio sino como resultado de la suma de una temporalidad fragmentada como única temporalidad; un instante de toda figura sobre otro instante de toda figura, eliminando así todo fondo, por lo tanto, todo posible ritmo …



El mundo como entretenimiento.
El otro como objeto.
El YO como conquista.

La Indiferencia se establece como la respuesta adaptativa a un medio traumático.

Homo Indifferens surge ante un tiempo que deja de ser una posibilidad propia para el desarrollo – en el tiempo - para acabar siendo manejado por una única temporalidad; la inmediatez. Ante esa falta, esa reducción salvaje de las posibilidades, el espacio se pliega a las mismas dinámicas reduccionistas, encogiéndose con el objetivo de alcanzar su mínima expresión;

YO – aquí / YO – ahora.

YO.

Sin horizonte, agotado, solo le queda la suma y su competición.
Sin sentido, encerrado, solo le queda una vibración hueca para demostrarse existencia, un galopar pulsional que cree realmente no tener límites, cuando todo en él es límite.

¿Qué orden de paisaje es posible cuando la estrategia común deviene simulacro?

La visión se fundamenta en las proyecciones del Homo Indifferens y el movimiento que lo caracteriza: hacer prevalecer su orden sobre el de cualquier otro.

Superposiciones.
Táctica sobre táctica.

Cuando todo se torna figura – figura, el fondo queda enterrado, los espacios intersticiales que otorgan la intermitencia del ritmo, del contraste, desaparecen.

Un paisaje impracticable, una trampa laberíntica que se presenta suspendida, sin dirección posible, vibrando, entre el vacío de la Caída y el entretenimiento por entretenimiento como la única estructura de conjunto para el Homo Indifferens.

Él, es el habitante de un paisaje que le es imposible habitar, velocidades fuera de toda escala asimilable y tecnologías de omnipresencia simulada que acaban traduciéndose en las trayectorias a ningún sitio, una especie de extenuante NO-movimiento.

Es, únicamente, en la reapropiación de un tiempo que nos pertenece para el desarrollo, en la recuperación de la idea de un espacio más allá del YO y la aceptación de nuestra condición natural limitada que podría vislumbrar una interrupción a este crecimiento fragmentado sin horizonte alguno.