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Construcción Mental 6/9
22 / 09 / 2015
Pablo Pérez Palacio

Recuerdos - fantasmas

Las nubes han desaparecido con suave melodía. El día cambia como nosotros, siendo reversibles y flexibles al mismo tiempo. Y los días se van perdiendo en esa banalidad propia e indiferente de la existencia absurda. Sin poder poseerlos nos abandonan al mismo tiempo que nosotros a ellos, así, el excesivo lujo de pasar más tiempo muertos que vivos.
El viento barre los recuerdos dejando los sedimentos bajo el sol que nos quema y envejece. En esa podredumbre habitamos amarrados a pasiones que ciegan el vacío. Numerosos estados nos recorren por dentro e instauran una relación de equilibrio sobre un fondo de desequilibrio.
Es ahí , donde Pablo Pérez Palacio nos muestra su fragilidad de manera invisible, traza ante nuestros ojos sonidos que se esparcen sobre las superficies de cuerpos fríos, agotados por el frenesí de los días, quedan intactos al igual que las magulladuras y salpicaduras de pintura en una pared blanca. Que por su belleza serán indelebles, pero son también sensaciones con la intención de disolverse al igual que los fosfenos de luz al despertar de un sueño plácido.
De tal manera, que el recuerdo nunca captura la esencia, la intensidad presente, por eso mismo, lo hace más sublime siendo completamente intocable e impertérrito. Sólo en la saturación nos rompemos para poder ser. En este instante preciso anidan los recuerdos- fantasmas, porque son esas formas vagas las que el artista ha pintado y dibujado a la vez ante nuestras miradas, los sonidos indecisos de los que hablábamos y que presionan en nosotros hasta dentro. Ellos mismos aspiran a cargarse de color, de materialidad, solo lo conseguirán aquellos que puedan asimilarse al polvo coloreado que percibimos, los ruidos del exterior y del interior que escuchamos, etc..
Despertando toda forma apolínea, tal y como Wagner lo planteaba en la disolución de su propia individualidad, una liberación a modo de catarsis que Pablo Pérez Palacio sella con su obra “construcción mental” un tiempo “autre”, melancólico, erigiéndose una barrera frente al ímpetu aniquilador de esta nueva civilización contemporánea, una sociedad cansada que no tiene tiempo de pararse a reflexionar, a soñar, a vivir, donde importa más el aparentar que el ser.

Por // Cristina Huarte